Frente a la creencia general de que la reducción de jornada perjudica la carrera profesional de quien la pone en práctica, se presenta la experiencia de países como Alemania, Holanda o Dinamarca, donde el trabajo a tiempo parcial es sinónimo de competitividad empresarial.
Una de las diversas disciplinas que se incluyen en la gestión de recursos humanos es la medición de tiempos, mediante la cual se puede conocer el tiempo que cada trabajador emplea en el desempeño de su actividad, o en partes de ésta, aunque estas técnicas para las pymes pueden resultar en muchos casos inaccesibles.
Lo que sí que es cierto es que, en el transcurso de la jornada laboral se pierde tiempo en la máquina del café, en la puesta en marcha del ordenador, en hablar con los compañeros, en salir a desayunar o a picar algo, en reuniones interminables a última hora del día… todas ellas actividades que no repercuten en nada en la actividad laboral, pero que contribuyen a que el trabajador esté en el entorno de la empresa, practicando el denominado presentismo, aparentando que está pero no haciendo nada.
Son costumbres y rutinas que habría que erradicar el ámbito laboral, para que la jornada se centre en lo que es,en el desempleo de la actividad en sí misma de cada empleado. Siendo para ello una herramienta muy interesante la reducción de jornada, que debería ser estudiada para su puesto particular.
De entrada habría que determinar una cuestión fundamental en el funcionamiento de la empresa: ¿el reconocimiento de los trabajadores, sus ascensos, retribuciones, etc, se determinan por el buen desempeño de su actividad, o lo cantidad de veces que “ríen las gracias” y alaban al jefe”?
Si se está en el segundo supuesto, efectivamente la reducción de jornada perjudica la carrera profesional pues se está premiando el peloteo de los empleados, y en una empresa así, no es que se perjudique la carrera, sino que tarde o temprano la empresa misma terminará malamente. Ahora si lo que se tiene en cuenta es el buen desarrollo profesional, el trabajo a tiempo parcial es una opción muy a tener en cuenta.
Como dijo Sun Tzu “…la energía de la mañana está llena de ardor, la del mediodía decae y la energía de la noche se retira…”, esto adaptado a la jornada laboral se puede representar con tramos de dos a tres horas, en función de la actividad específica, con lo que hay que aprovechar los momentos de mayor concentración y capacidad para el desempeño de las funciones laborales, y evitar el alargamiento innecesario de la jornada, simplemente por el hecho de cumplir el horario previsto, cuando ya el tedio, el cansancio, la desgana se apoderan del trabajador que no ve el momento de que su jornada termine, estando simplemente presente en su puesto pero con un desempeño mínimo.
Un ejemplo claro de ésto son la reuniones, si se celebran por la tarde, se estiran como el chicle, y una vez finalizada ya casi nadie vuelve a su puesto, sino que se da la jornada por finalizada, mientras que cuando estas son a primera hora de la mañana, su desarrollo es mucho más rápido y dinámico, y una vez finalizadas se continúa con la actividad laboral con normalidad.
¿Entonces por qué estirar la jornada laboral hasta cuando la capacidad de trabajo, de atención, ya comienza a decaer?
¿No sería más razonable adaptarla jornada a la actividad que desarrolla, y si la atención se puede mantener durante cinco horas y media no extenderla hasta siete y medio u ocho horas?
Con una jornada de menos de seis horas continuadas no es precisa pausa para “el bocadillo” de cómo mínimo 15 minutos, art. 34.4 ET, menos tiempo perdido en no trabajo; con una jornada que comienza un poco más tarde y que finalice un poco antes no es precisa pausa para picar algo; y al no producirse un desgaste de la atención, tampoco es precisa una pausa para el café. Con lo que la jornada es más corta pero se ha empleado íntegramente en la actividad laboral, sin distracciones.
Al ser una jornada reducida también, en un principio, se reduce el salario, aunque esto se debería estudiar en cada caso, ya que si se comprueba que el rendimiento laboral es el mismo o incluso mayor, no habría porqué reducir el salario. O bien, se podría reducir en una parte, y añadir otra parta de salario en incentivos de forma que el empleado, trabajando lo mismo, en menos horas y con menos distracciones, al final mantuviera la misma retribución o incluso mayor. Sería una cuestión a estudiar en cada caso.
La reducción de jornada es una cuestión que no puede ser decidida de forma unilateral por parte de la empresa, se debe formalizar mediante acuerdo escrito con el trabajador, porque el que éste acepte que se contrató pase a ser a tiempo parcial, art. 12.4.e ET. En este acuerdo-pacto se puede especificar más cuestiones, no solo la nueva duración y distribución de la jornada, sino también el nivel mínimo de rendimiento a mantener, el sistema retributivo que se va a aplicar, etc.
Con una aplicación adecuada y racional de la reducción de jornada se puede conseguir que, el trabajador desarrolle en la empresa su actividad en las horas en que mejor se encuentra de ánimo y capacidad para ello, y que en los momentos que en el cansancio le estuviera haciendo no desarrollar adecuadamente su actividad, ya no se encuentre en la empresa sino disponiendo de su tiempo de ocio.
En los tiempos actuales cuando las colas de los Servicios Públicos de Empleo son interminables; cuando hay personal casi infinito para realizar contratos eventuales, por obra o servicio determinado, o para contratar en una ETT; cuando se ha eliminado las restricciones a la temporalidad que suponía la limitación de la encadenamiento de contratos; puede parecer no muy interesante lo expuesto, pero hay que tener en cuenta que por mucha mano de obra que pueda haber disponible, el auténtico capital de una empresa es su capital humano, su personal formado, capacitado y comprometido con la empresa.