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19 Junio 2009

¿Universidad o Formación Profesional? Tópicos y realidades

Este es el viejo dilema de todo estudiante cuando se enfrenta a la toma de decisiones sobre su futuro laboral. Que en gran cantidad de ocasiones, hasta hace no mucho tiempo se resolvía con el tópico “el que vale, vale, y el que no a FP”. Pero ésto ya no es así, los tiempos están cambiando, un buen profesional con una especialidad de formación profesional puede ser tan considerado y remunerado como un licenciado.

La formación profesional ha venido siendo la oveja negra, la hermana pobre y desatendida del sistema educativo, pues en buena medida se la consideraba como la vía de escape para que quien no tuviera capacidad de estudio, de hincar los codos, pudiera obtener una formación mediocre que le permitiera entrar de una forma rápida en el mercado laboral con un oficio. Lo que la lleva a estar dejada, mal considerada, carente de medios, y en algunas de sus ramas al borde de la desaparición.

A día de hoy las cosas ya van siendo diferentes, al tener que recurrir a mano de obra especializada del exterior, se esta volviendo a dar a la formación profesional, la academia, la importancia que tiene, para los trabajos de especialista, con un escalafón inferior al de ingeniero, licenciado o diplomado universitario, pero con la formación específica de la que carecen los peones.

Una formación, que por su escasez, está haciendo en que en un mundo laboral donde el mileurismo es el horizonte próximo del licenciado, el técnico especialista por formación profesional, en ramas como pueden ser electricidad fontanería, encoframientos, torno de taller metalúrgico, mecánico, etc, con un tiempo de formación menor, con una especialización de algo nivel inferior, estén obteniendo retribuciones, sin tener que recurrir a la instalación por cuenta propia, de dos mil y tres mil euros mensuales, muy lejos de buena parte de los recién, y no tan recientemente, titulados superiores.

Lo que lleva a tener que plantearse si realmente hay que seguir manteniendo el tópico de “el que vale, vale y el que no a FP”, pues en un mundo cada vez más competitivo, donde en un volumen importante de casos la formación de los candidatos que aspiran a un puesto de trabajo, es muy superior a la realmente requerida, y en donde los puestos intermedios no son cubiertos por falta de personal especializado en esas materias concretas, hasta donde es razonable prescindir de la formación profesional, o el derroche, tanto económico como de capital humano, que un puesto de auxiliar administrativo, jefe de obra o técnico de laboratorio, estén siendo ocupados por licenciados o ingenieros.

La formación profesional permite, como se comprueba en las distintas estadísticas que se publican cada ciento tiempo, una entrada rápida en el mercado laboral, con unas retribuciones, en algunas especialidades, más que sugerentes, y mediante una formación que sin ser tan cara, para la Sociedad y para el estudiante, como la universitaria, conseguir los conocimientos precisos para el desempeño de esa actividad. Y sin olvidar que la formación profesional tiene reservadas un porcentaje de plazas universitarias a las que se accede por cupo, sin necesidad de selectividad, con lo que aquellos profesionales a los que en el transcurso de su desarrollo laboral o profesional, vean que los conocimientos adquiridos se les quedan pequeños para seguir avanzando pueden acceder a la universidad y continuar con su formación.

Un punto muy importante en la satisfacción del trabajador es ver que su desempeño se ajustan a su capacidad y cualificación, por lo que tan malo es tener una gran formación que luego se encuentra desperdiciada en un puesto de escasa capacitación y responsabilidad, como haber emprendido el camino equivocado enfrentando una ingeniería que no se consigue terminar, lo que lleva a un punto de insatisfacción, de sensación de fracaso, que con una formación profesional se habrían podido evitar, y se podría estar consiguiendo un rendimiento y responsabilidad adecuado a la formación que se ha recibido, o incluso superior, pues la experiencia es un grado, y siempre sabiendo que existe la posibilidad de poder continuar en el caso de que fuera necesario, o apeteciera.

Todo lo anterior no quiere decir que no deba realizarse como primera opción la formación universitaria, sino que cuando ésta se plantea hay que ver las necesidades, posibilidades, y situación de cada cual, para poder evitar en lo posible las frustraciones e insatisfacciones, y aprovechar al máximo las potencialidades de cada individuo.

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Reflexiones sobre el mundo laboral, en momentos complicados.

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